Federico Fellini: El Autor del Relato Moderno – 2da. Parte

Fellini, siendo reportero en su juventud, trabajo para varias revistas y cosechó el gusto por los semanarios humorísticos, gusto plantado desde su infancia con la lectura de tebeos (estos semanarios son un precedente de los cómics).  Creo oportuno mencionar que esto fue general en la Italia de la época, en la que había gente creativa y con una amplia conciencia de la importancia de estas publicaciones en la cultura y la sociedad italianas; con el declive del fascismo, podría decirse que casi fue un recurso intelectual para ser libre, que evitaba que la diaria devoción forzosa a un dictador robara hasta los pensamientos.  Como ejemplo cito la novela de Umberto Eco, La misteriosa llama de la Reina Loana, que trata de un hombre atrapado en una mente sin recuerdos, tratando de revivir su niñez en la Italia fascista en base a los tebeos que lo marcaron fuertemente, y recordando todo en base a Fantomas o a La Misteriosa Llama.

El cómic es un arte subestimado, muy diferente al cine, y que utiliza un lenguaje que puede ser profundo e incluso intelectual, además de tener una maravilla añadida: la estática.  Como establece el propio Fellini:

[…] Es el encanto espectral de esos muñecos de papel, de esas situaciones fijadas para siempre, inmóviles como marionetas sin hilos, y resulta incompatible con el cine, que tiene su seducción en el movimiento, en el ritmo, en la dinámica. […] El mundo del cómic podrá prestar generosamente al cine sus escenografías, personajes e historias, pero no su atractivo más secreto e inefable, que es el de la fijeza, la inmovilidad de las mariposas clavadas con un alfiler”.

(El Viaje a Tulum: Parecía uno de tantos sueños, p. 2)

Es cierto.  El cómic no tiene ese sentido que tiene el cine, esa dinámica que lo asemeja más a la realidad; pero la estética de la historieta tiene un tono que ayuda al cine, ya que así lo acerca más a los sueños.  Winsor McCay fue pionero con su historia El pequeño Nemo en el país de los sueños, al no tener límites dentro de sus viñetas (dicho de otra manera, el cómic puede tener las mismas libertades que un sueño).

La tecnología actual, el uso de computadoras y maquetas más realistas han ayudado a liberar algunas antiguas barreras de la producción cinematográfica, ya que cada vez más producciones se apoyan en estos recursos para acercarse a la fantasía del mundo onírico.  Sin embargo, muchas grandes producciones se han enfocado únicamente a la impresión visual y la grandilocuencia sin sentido, todo para atraer, con fines lucrativos, a la audiencia.

El circo, objeto imprescindible en su diccionario personal de imágenes, está muy arraigado en la filmografía de Fellini.  Uno de sus gustos de la infancia, le dedicó la cinta para televisión I Clowns; podemos verlo difuso en  8 ½, en el plató donde se filma la nueva película, que nos muestra de manera caótica una actuación de payasos y una fiesta circense muy peculiar. A esta visión le debe mucho el personaje de la simpática Gelsomina en La Strada.

En la era de la post-guerra, el cine conoció la incursión del neorrealismo italiano en la creación fílmica, el cual tenía una vena creativa muy cerrada por estándares impuestos por los cineastas y críticos de la época.  Fellini, como otros cineastas en sus respectivos países (como Tarkovski contra el formalismo ruso), luchó contra la normativa preestablecida del neorrealismo, para hacer un cine más orgánico, visceral y simbólico, un cine más poético en aspectos de lenguaje, tanto lírico como pictórico, con imágenes muy definidas, pero siempre con una carga emocional diferente.

En su época más fuerte, la obra del cineasta era ajena a la corriente neorrealista.  Fuentes muy importantes en el discurso felliniano fueron su diario de sueños y los textos de Jung.  Aún así,  hubo infinidad de proyectos que quedaron en el tintero, como El viaje de G. Mastorna y El viaje a Tulum, convertidos en tebeos gracias a las gestiones (y súplicas) de Milo Manara.

El propio Manara, que había trabajado en los carteles de dos de sus películas, pudo apreciar el trabajo del cineasta.  En una entrevista nos comenta su experiencia al trabajar con Fellini, ya sea al cumplir con los plazos de entrega, ya sea al satisfacer su capricho de ser dibujado como su eterno alter ego, Mastroianni, pero, sobre todo, habla de la experiencia de trabajar cerca de él, de estar presente en el proceso creativo en sus palabras:

“[…] Otro término que yo asocio con Fellini [es el de la] Transfiguración[…]: no ve, ni nos hace ver monstruos en lugar de molinos de viento, sino que, a través de él, el molino de viento se transfigura y se revela a nuestros ojos en toda su molinidad, asumiendo su verdadera esencia de Gran Molino de Viento.”

(El Viaje a Tulum: El Tercer Ojo, p. 41)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s