Georges Méliès: el cine esta en deuda.

Quisiera compartir un texto que encontre en el libro de Enrique Pulecio  llamado “El Cine – Analisis y estetica“. Pulecio es un catedratico de artes audiovisuales en Colombia, su libro no solo es para Neofitos en la apreciacion del cine. Escribe de las teorias cinematograficas y como han evolucionado con el tiempo.

Pero primero lo primero, Georges Méliès fue un asistente mas a la funcion promovida por los hermanos Lumière, con el fin de vender su nuevo invento. Al final, Méliès dedico mucho de su tiempo para el aparato haciendo desde puestas en escena, efectos especiales y lo que podria ser el lenguaje primordial del cine, gracias a su avisado espiritu artistico. He aqui el texto de Pulecio:

Con la técnica del trucaje y del escamoteo, con la súbita desaparición o aparición de objetos o personas en la escena por medio de las detenciones de cámara o bien de las disolvencias, fundidos y sobreimpresiones sobre la película, Méliès da comienzo a un procedimiento desconocido en el arte cinematográfico: lo que hoy se llama “efectos especiales”. Del exterior de los Lumière –de la calle, de la plaza pública– se ha pasado al interior, al teatro. La cámara ahora ocupa el lugar del espectador situado frente a la escena teatral. Así con Méliès aparece en el cine la noción de personaje y con ella la del actor. También es el quien hace necesaria la presencia de la escenografía en el cine que da vida al estudio cinematográfico en donde se encuentran el taller fotográfico con la escena teatral. Con Méliès surge la figura del director de cine como replica del director escénico y reintroduce en el argumento los principios básicos de la dramaturgia aristotélica. El gran prestidigitador crea la noción de género cinematográfico con la realización en 1902, de El viaje a la Luna, basada en la novela de Julio Verne, y así introduce el método de la adaptación de la literatura al cine. Y aunque no inventa una serie de nuevos procedimientos propios del lenguaje cinematográfico, los intuye y enuncia sus conceptos. Advierte la necesidad de los distintos planos, por ejemplo, la necesidad del primer plano, cuando al magnificar por “arte de magia” objetos pequeños nos los muestra con una dimensión que puede llegar a ocupar el 80% del tamaño de la pantalla.

Ilusionista, prestidigitador, mago y actor; hombre de teatro y hombre de mundo; artista del espectáculo, productor, guionista y director; experto en trucos y efectos visuales; camarógrafo, luminotécnico y protagonista de todas sus películas; maquillador, arquitecto, escenógrafo y editor; distribuidor de las cintas que produce y el mismo exporta, Georges Méliès fue en la historia del cine, como ningún otro artista lo fue, el que lo sabia todo acerca de su oficio. Ese saber, y en esto reside su especial talento, lo expresaba en la mas encantadora de las formas. Pero aún así, si en cada una de sus películas lleva al espectador a un buen momento de diversión y asombro, no por ello puede ignorarse el otro sentido, el segundo sentido de sus breves relatos. Siempre habrá en cada episodio narrado un subtexto, una preocupación de fondo, una segunda lectura, más social, mas profunda, si se quiere. Podemos quedarnos con la primera, con la simple anécdota, con la deliciosa ingenuidad aparente de sus ficciones. Y aunque esto baste para que nos gusten las películas de Méliès, es la segunda lectura lo que hace que su cine nos guste para siempre.

Georges Méliès supo que su cine, mas allá del momento placentero que nos ofrece con sus múltiples y disparatadas ocurrencias, tiene mucho que decir. Trascendió la anécdota a nivel de condición crítica, vertió el ácido de su sarcasmo sobre una civilización ciega ante el desarrollo técnico. Nos llevó a la luna, pero no sin reparos; y, nos hizo descender a los infiernos con la tentación fáustica del hombre sin sosiego. Nos hizo viajar largos trechos en tren, pero en la travesía por el cosmos infinito nos mostró el peligroso vértigo del progreso. Elevó al cine a la altura del arte, pero al final soltó una sonora carcajada. Pintó un fresco social pintoresco, pero no oculto al diablo tras el cortinaje. Alegre, pero cauteloso, desconfió de su tiempo y percibió la insoportable crepitación de la guerra que bajo sus pies preparaba su maquina infernal. Ante la arrebatadora marcha de la poderosa industria cinematográfica organizada en grandes conglomerados económicos, fracasó como empresario; cerró su estudio pero no renunció a sus sueños. De su cine, poblado de maquinas fantásticas, varitas mágicas, juegos y trucos, mascaras, pelucas y disfraces, estampas y abalorios, solo le fueron quedando pobres vestigios. Con ellos montó una venta de dulces y juguetes en la estación de trenes de Montparnase que el mismo atendía. Fue su último refugio. Al final de su vida recibió algunos honores; fue grande y noble el triunfo; elegante y digno en la derrota. Murió en París en 1930.

Por: Enrique Pulecio

Catálogo del Cuarto Festival de Cine Francés, Bogotá, Embajada de Francia en Colombia, 2005, p. 5.

 

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